jueves, 1 de agosto de 2019

Escribir para no perder la cordura


El 26 de febrero de 2013, publiqué en el desaparecido diario electrónico El Horizontal.com, en la Sección: Zona Oscura, una entrevista que le realicé a la escritora veracruzana Ester Hernández Palacios, tras publicar su libro titulado “México 2010. Diario de una madre mutilada”. Este texto lo escribió con el fin de plasmar sus pensamientos y emociones tras el asesinato del que fue víctima su hija Irene y su yerno, hecho lamentable derivado de la crisis de inseguridad que nuestro país viene padeciendo desde hace varios años. En específico, tras la pronunciada “Guerra contra el narcotráfico” que orquestó el expresidente de México, Felipe Calderón, que dejó un saldo de 121 mil 683 muertes violentas (INEGI). La autora utilizó la pluma como catarsis a su infinito dolor, lo que se fue convirtiendo en bálsamo curativo para su alma, al tiempo que dejó un testimonio de una historia desgarradora, como muestra de las muchas que arrojó y sigue arrojando la violencia. Es importante destacar que Ester Hernández Palacios, recibió el Premio Bellas Artes de Testimonio Carlos Montemayor por este libro en 2011.
Desafortunadamente este texto ya no está en la red, por lo que lo replicaré en mi blog, al igual que otros textos que he publicado a lo largo de 20 años de carrera periodística, los cuales, gracias a las bondades que nos brindan las nuevas tecnologías, podrán ser recordados y difundidos nuevamente.

Gabriela Casas Cabrera
Comunicóloga - UNAM

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“Sentí la necesidad de dar a mi llanto forma a través de las palabras”: Esther Hernández Palacios.


La noche del 8 junio de 2010 en la ciudad de Xalapa, Veracruz, Ester Hernández Palacios recibió la llamada telefónica que cambió su vida para siempre. A través del auricular le notificaron que su hija Irene Méndez había sido secuestrada y se encontraba herida en la clínica del Segura Social. Al llegar a la clínica le dieron la devastadora noticia, su hija había muerto.
Desde ese día la doctora en Letras Modernas y académica adscrita al Instituto de Investigaciones Lingüístico-Literarias de la Universidad Veracruzana, comenzó a escribir en una libreta negra de pasta dura y con una pluma de gel un diario de dolor.
“Este diario de dolor, surge porque sentí la necesidad de dar a mi llanto forma a través de las palabras”, así lo narra en entrevista para El Horizontal Ester Hernández Palacios (quién cabe señalar, ha decidido omitir la “h” en su nombre a partir de la pérdida de su hija). El diario de Ester se convirtió en un libro al cual tituló “México 2010. Diario de una madre mutilada”, publicado por la editorial Ficticia, en co-edición con el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, a través del Instituto Nacional de Bellas Artes y el Instituto Chihuahuense de Cultura.
La obra,  ̶ la cual ha sido merecedora al Premio Bellas Artes de Testimonio “Carlos Montemayor” 2011 ̶ , está conformada por un mes de testimonios complementados con notas periodísticas, cartas recibidas, experiencias de las amigas de su hija, al tiempo que evoca las voces de Hernández Palacios, César Vallejo, Miguel Hernández, Enriqueta Ochoa, Víctor Hugo, Julio Cortázar, Jaime Sabines, Luis Gernuda, Don Wislow, Federico García Lorca, José Emilio Pacheco, José Ángel Valente, Garcilaso de la Vega, Atiq Rahimi, Pablo Neruda, Walter de la Mare, Miguel Hernández, Juan Gelman y Gansan, así como, los versículos bíblicos Job 30-31 y Salmos 30-9. También incorporó textos de Armando Ortiz, Sergio González Levet, Javier Hernández Alpízar y Luis Hernández Palacios, así como, documentos que se hicieron llegar a las autoridades en esos momentos.

̶ Al cuestionarle, porqué decidió incorporar estos pensamientos y documentos, la autora respondió:
El diario fue escrito casi en una forma de escritura automática, no puedo decir que lo “decidí”, sino que así se dio. En el diario escribir para no morir ni perder la cordura, inserté en forma de collage, las notas recortadas de los periódicos de los cuatro primeros textos, en los días correspondientes a su publicación que fueron los mismos de mi lectura. En el caso del texto de mi hermano Fernando, copié lo que él me envió por Internet.

̶  La herida de perder a un hijo jamás sana, pero sin que suene absurda la pregunta, ¿cómo se encuentra usted actualmente después de sacar a la luz este libro?
Mi estado de ánimo es variable, nunca volveré a ser la misma persona, pero he aprendido a vivir con el dolor que me provoca la ausencia. Haber escrito el libro y haber logrado publicarlo me da una enorme satisfacción. En primer lugar  porque al convertir a mi hija en personaje, le di nueva vida a través de las palabras, en segundo porque tengo la esperanza de estar contribuyendo a concientizar a las personas, a través de la lectura de una experiencia individual y verdadera, de que tenemos que exigir a las autoridades que cambien las políticas para que no haya ni un muerto más en nuestro país.

̶  Sabemos que usted participa en el Movimiento por la Paz y Justicia y Dignidad que encabeza Javier Sicilia, ¿cuál es su participación en el movimiento?
Participo como un miembro más en el Colectivo por la Paz con Justicia y Dignidad de Xapala que es parte del nacional, el colectivo lo conformamos defensores de derechos humanos así como familiares de desaparecidos y asesinados.

̶  ¿Alguna vez se preguntó el porqué de la “guerra” que orquestó Felipe Calderón? ¿Qué le diría a él y a las autoridades del gobierno que ahora encabeza Enrique Peña Nieto?
A Felipe Calderón le daría a leer mi libro para que se entere de primera mano del dolor que nos causó a muchos, miles de mexicanos con sus absurdas decisiones bélicas que no hicieron otra cosa que multiplicar la violencia durante su sexenio. Y a Peña Nieto también se lo daría a leer para que nos vea a los miles de padres y madres que hemos perdido a nuestros hijos en estos años de violencia absurda como y que ahora son vistos como meras estadísticas.

¿Nos compartiría una reflexión final?
Espero que mi diario sirva para concientizar a los lectores sobre el dolor que nos ha dejado la violencia causada no sólo por el crimen organizado, sino por las pésimas políticas públicas y la corrupción.


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Epílogo
A raíz de que inició Felipe Calderón la guerra contra el narcotráfico, las muertes no han cesado, él abrió la Caja de Pandora y todo indica que nadie va a poder cerrarla. De acuerdo con datos del periódico Reforma, la administración del expresidente Enrique Peña Nieto, cerró al mes de octubre de 2018 con al menos más de 125 mil muertos. De hecho, el 2018 se perfiló como el año más violento al contabilizar 24 mil 22 carpetas de investigación entre enero y octubre en las procuradurías y fiscalías del país, la más alta para un lapso similar desde 1997.  
El más reciente informe del Instituto de Geografía y Estadística (INEGI), confirma lo anterior, apunta que “el 2018 fue el año más sangriento en México, al registrarse casi 36,000 homicidios a lo largo y ancho del país”.
Y  el conteo de muertes violentas sigue en aumento. De acuerdo con el Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP) desde diciembre pasado, cuando empezó el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, la cantidad de homicidios es de 20.599. (BBC Mundo)
Al respecto, el periódico El Economista señala: “Estas cifras, históricas, colocan al inicio del sexenio de López Obrador como el de mayor número de asesinatos cometidos en México desde que se llevan registros en 1997 y de las tres administraciones anteriores de las que se tienen datos” (Molina, 21/IV/19).
López Obrador reconoció que en el primer semestre de su Gobierno el problema de la violencia y la inseguridad en México no se ha podido resolver, pero afirmó que en el mediano plazo se logrará reducir la incidencia delictiva, como consideró que pasó con el robo de combustible. Para reducir los índices de violencia e inseguridad, el presidente de México, puso en operación Guardia Nacional, integrada por policías y militares, hecho que ha causado gran polémica.
Lo cierto es que pasan los años y administraciones, y la criminalidad se ha expandido y diversificado. La violencia no es ya sólo criminal,  ha entrado a los campos de la alta política, en los espacios sociales y económicos. Los altos niveles de violencia han generado costos enormes para la economía y la sociedad. Millones de personas han modificado sus patrones de vida para protegerse y muchos han debido migrar de sus comunidades para salvaguardar su integridad. Las familias siguen llorando a sus muertos, desesperados por no encontrar a sus familiares desaparecidos, claman justicia, que alguien los escuche y se enfrentan a la orfandad a la que las autoridades las han confinado. Autoridades apáticas e incompetentes que en lugar de dar respuesta a su clamo de justicia, han convertido a seres queridos es cifras. La ciudadanía vive con miedo, el país está secuestrado por la delincuencia y no ve solución posible a este problema.

Gabriela Casas Cabrera
Comunicóloga - UNAM

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