El
26 de febrero de 2013, publiqué en el desaparecido diario electrónico El Horizontal.com, en la Sección: Zona
Oscura, una entrevista que le realicé a la escritora veracruzana Ester
Hernández Palacios, tras publicar su libro titulado “México 2010. Diario de una
madre mutilada”. Este texto lo escribió con el fin de plasmar sus pensamientos
y emociones tras el asesinato del que fue víctima su hija Irene y su yerno,
hecho lamentable derivado de la crisis de inseguridad que nuestro país viene
padeciendo desde hace varios años. En específico, tras la pronunciada “Guerra
contra el narcotráfico” que orquestó el expresidente de México, Felipe Calderón,
que dejó un saldo de 121 mil 683 muertes violentas (INEGI). La autora utilizó
la pluma como catarsis a su infinito dolor, lo que se fue convirtiendo en
bálsamo curativo para su alma, al tiempo que dejó un testimonio de una historia
desgarradora, como muestra de las muchas que arrojó y sigue arrojando la
violencia. Es importante destacar que Ester Hernández Palacios, recibió el
Premio Bellas Artes de Testimonio Carlos Montemayor por este libro en 2011.
Desafortunadamente
este texto ya no está en la red, por lo que lo replicaré en mi blog, al igual
que otros textos que he publicado a lo largo de 20 años de carrera
periodística, los cuales, gracias a las bondades que nos brindan las nuevas
tecnologías, podrán ser recordados y difundidos nuevamente.
Gabriela Casas Cabrera
Comunicóloga - UNAM
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“Sentí la
necesidad de dar a mi llanto forma a través de las palabras”: Esther Hernández
Palacios.
La
noche del 8 junio de 2010 en la ciudad de Xalapa, Veracruz, Ester Hernández
Palacios recibió la llamada telefónica que cambió su vida para siempre. A
través del auricular le notificaron que su hija Irene Méndez había sido
secuestrada y se encontraba herida en la clínica del Segura Social. Al llegar a
la clínica le dieron la devastadora noticia, su hija había muerto.
Desde
ese día la doctora en Letras Modernas y académica adscrita al Instituto de
Investigaciones Lingüístico-Literarias de la Universidad Veracruzana, comenzó a
escribir en una libreta negra de pasta dura y con una pluma de gel un diario de
dolor.
“Este
diario de dolor, surge porque sentí la necesidad de dar a mi llanto forma a
través de las palabras”, así lo narra en entrevista para El Horizontal Ester Hernández Palacios (quién cabe señalar, ha
decidido omitir la “h” en su nombre a partir de la pérdida de su hija). El
diario de Ester se convirtió en un libro al cual tituló “México 2010. Diario de
una madre mutilada”, publicado por la editorial Ficticia, en co-edición con el
Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, a través del Instituto Nacional
de Bellas Artes y el Instituto Chihuahuense de Cultura.
La
obra, ̶ la cual ha sido merecedora al
Premio Bellas Artes de Testimonio “Carlos Montemayor” 2011 ̶ , está
conformada por un mes de testimonios complementados con notas periodísticas,
cartas recibidas, experiencias de las amigas de su hija, al tiempo que evoca
las voces de Hernández Palacios, César Vallejo, Miguel Hernández, Enriqueta
Ochoa, Víctor Hugo, Julio Cortázar, Jaime Sabines, Luis Gernuda, Don Wislow,
Federico García Lorca, José Emilio Pacheco, José Ángel Valente, Garcilaso de la
Vega, Atiq Rahimi, Pablo Neruda, Walter de la Mare, Miguel Hernández, Juan
Gelman y Gansan, así como, los versículos bíblicos Job 30-31 y Salmos 30-9.
También incorporó textos de Armando Ortiz, Sergio González Levet, Javier
Hernández Alpízar y Luis Hernández Palacios, así como, documentos que se
hicieron llegar a las autoridades en esos momentos.
̶ Al cuestionarle, porqué decidió incorporar
estos pensamientos y documentos, la autora respondió:
El
diario fue escrito casi en una forma de escritura automática, no puedo decir
que lo “decidí”, sino que así se dio. En el diario escribir para no morir ni perder
la cordura, inserté en forma de collage, las notas recortadas de los periódicos
de los cuatro primeros textos, en los días correspondientes a su publicación
que fueron los mismos de mi lectura. En el caso del texto de mi hermano
Fernando, copié lo que él me envió por Internet.
̶ La herida de perder a un hijo jamás sana, pero sin que suene absurda la
pregunta, ¿cómo se encuentra usted actualmente después de sacar a la luz este
libro?
Mi estado de ánimo es variable, nunca volveré a ser
la misma persona, pero he aprendido a vivir con el dolor que me provoca la
ausencia. Haber escrito el libro y haber logrado publicarlo me da una enorme
satisfacción. En primer lugar porque al
convertir a mi hija en personaje, le di nueva vida a través de las palabras, en
segundo porque tengo la esperanza de estar contribuyendo a concientizar a las
personas, a través de la lectura de una experiencia individual y verdadera, de
que tenemos que exigir a las autoridades que cambien las políticas para que no
haya ni un muerto más en nuestro país.
̶ Sabemos que usted participa en el Movimiento por la Paz y Justicia y
Dignidad que encabeza Javier Sicilia, ¿cuál es su participación en el
movimiento?
Participo como un miembro más en el Colectivo por
la Paz con Justicia y Dignidad de Xapala que es parte del nacional, el
colectivo lo conformamos defensores de derechos humanos así como familiares de
desaparecidos y asesinados.
̶ ¿Alguna vez se preguntó el porqué de la “guerra” que orquestó Felipe
Calderón? ¿Qué le diría a él y a las autoridades del gobierno que ahora
encabeza Enrique Peña Nieto?
A Felipe Calderón le daría a leer mi libro para que
se entere de primera mano del dolor que nos causó a muchos, miles de mexicanos
con sus absurdas decisiones bélicas que no hicieron otra cosa que multiplicar
la violencia durante su sexenio. Y a Peña Nieto también se lo daría a leer para
que nos vea a los miles de padres y madres que hemos perdido a nuestros hijos
en estos años de violencia absurda como y que ahora son vistos como meras
estadísticas.
¿Nos compartiría una reflexión final?
Espero que mi diario sirva para concientizar a los
lectores sobre el dolor que nos ha dejado la violencia causada no sólo por el
crimen organizado, sino por las pésimas políticas públicas y la corrupción.
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Epílogo
A raíz de que
inició Felipe Calderón la guerra contra el narcotráfico, las muertes no han
cesado, él abrió la Caja de Pandora y todo indica que nadie va a poder
cerrarla. De acuerdo con datos del periódico Reforma, la administración del expresidente Enrique Peña Nieto, cerró
al mes de octubre de 2018 con al menos más de 125 mil muertos. De hecho, el
2018 se perfiló como el año más violento al contabilizar 24 mil 22 carpetas de
investigación entre enero y octubre en las procuradurías y fiscalías del país,
la más alta para un lapso similar desde 1997.
El más reciente informe del Instituto de Geografía
y Estadística (INEGI), confirma lo anterior, apunta que “el 2018 fue el año más
sangriento en México, al registrarse casi 36,000 homicidios a lo largo y ancho
del país”.
Y el conteo
de muertes violentas sigue en aumento. De acuerdo con el Sistema Nacional de
Seguridad Pública (SNSP) desde diciembre pasado, cuando empezó el gobierno del
presidente Andrés Manuel López Obrador, la cantidad de homicidios es de 20.599.
(BBC Mundo)
Al respecto, el periódico El Economista señala: “Estas cifras, históricas, colocan al inicio
del sexenio de López Obrador como el de mayor número de asesinatos cometidos en
México desde que se llevan registros en 1997 y de las tres administraciones
anteriores de las que se tienen datos” (Molina, 21/IV/19).
López Obrador reconoció que en el primer semestre
de su Gobierno el problema de la violencia y la inseguridad en México no se ha
podido resolver, pero afirmó que en el mediano plazo se logrará reducir la
incidencia delictiva, como consideró que pasó con el robo de combustible. Para
reducir los índices de violencia e inseguridad, el presidente de México, puso
en operación Guardia Nacional, integrada por policías y militares, hecho que ha
causado gran polémica.
Lo cierto es que pasan los años y administraciones,
y la criminalidad se ha expandido y diversificado. La violencia no es ya sólo
criminal, ha entrado a los campos de la
alta política, en los espacios sociales y económicos. Los altos niveles de
violencia han generado costos enormes para la economía y la sociedad. Millones
de personas han modificado sus patrones de vida para protegerse y muchos han
debido migrar de sus comunidades para salvaguardar su integridad. Las familias
siguen llorando a sus muertos, desesperados por no encontrar a sus familiares
desaparecidos, claman justicia, que alguien los escuche y se enfrentan a la orfandad
a la que las autoridades las han confinado. Autoridades apáticas e incompetentes
que en lugar de dar respuesta a su clamo de justicia, han convertido a seres
queridos es cifras. La ciudadanía vive con miedo, el país está secuestrado por
la delincuencia y no ve solución posible a este problema.
Gabriela Casas Cabrera
Comunicóloga - UNAM





